Ricardo Monti

Misteriosos caminos de la creación

22 octubre, 2017

MISTERIOSOS CAMINOS DE LA CREACIÓN.
Verano. Un patio chorreando sol, en la casa de mi infancia y mi primera juventud. A la sombra escasa de una pared escucho música en una radio a transistores. Entre mis 17 y mis 20 años, no puedo precisar. Entre pescador en el Delta y soldadito obligado en Covunco. El locutor anuncia “La Creación del Mundo”, de Darius Milhaud. Me electrifican esos sonidos enigmáticos, dulces y feroces a la vez, al borde de descoyuntarse pero no. A lo largo de los años y por décadas me vuelve reiterado ese recuerdo y ese título.
Luego de tanto tiempo, una novela lo convoca otra vez. Cuando hay que bautizarla, entre los nombres que van y vienen se fija uno: “La Creación”, derivado de aquel.
Milhaud, supe después, compone en 1922 esta música para un ballet inspirado en mitos africanos sobre la creación del mundo. Irónicamente, estos mitos son casi idénticos a los bíblicos. Un librito del FCE, creo que de Milken, se refiere a estas sorprendentes semejanzas entre distintas religiones.
Me quedé con la primera palabra solamente, porque mi novela apunta a la “creación”, en términos de la acción y sus resultados. Y en todos sus sentidos: tanto a la creación divina como a la humana, y a todos los actos de creación: la interpersonal, la artística, la autocreación individual y colectiva, en fin, del ser humano como tal.
¿De qué manera? Con tres relatos que se entrelazan y que aparecieron de la nada en esos vertiginosos cuadernos de fines del 86 y todo el 87 (algunos perdidos). Ya me extenderé sobre esos relatos.
Pero sí, es una novela sobre la creación. Y es también una invitación a la creación y a la creatividad del lector, la tuya.

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La Creación © Ricardo Monti 2017