Ricardo Monti

Cap. 06 (b): “Montevideo”

22 octubre, 2017

FRAGMENTOS DEL CAPÍTULO 6 (b): “Montevideo”, DE “LA CREACIÓN”, novela de Ricardo Monti

[Montevideo, mitad del siglo XIX]

“El Personaje al que Mariano se refería como Extraño
había aparecido en Montevideo en realidad poco después de la
representación de Orfeo, y los apasionados jóvenes lo conocían
de encuentros en cafés, tertulias y una que otra disertación, pues
la intrincada historia con Irene no los había llevado a desatender
del todo otros intereses o pasiones de su edad.
– De Europa vengo – había dicho el Extraño Personaje a
modo de presentación, y en exótico lenguaje canturreó –: “Fremd
bin ich eingezogen, Fremd zieh’ ich wieder aus” [“Como un
extraño he venido, como un extraño me iré”].
Sus dulces ojos castaños parecían lo único vivo en la
palidez mortuoria de su cara, que una barba corta y negrísima
enmarcaba como un féretro. Vestía también de un negro
luctuoso, y cuando se arrastraba por las callecitas empinadas
parecía que la sombra de la muerte lo antecedía y que él simplemente
ìba detrás, tironeado.
[…]
Lo que ambos sí compartían era un creciente entusiasmo
por el Extraño Personaje, que día a día veía ampliarse su
auditorio juvenil.
– Somos hijos de un siglo en que lo viejo no termina de
morir y lo nuevo no termina de nacer – decía el Enfermo –. Yo
he alternado con espíritus selectos, literatos de nota, personalidades
de ideas liberales, que simpatizan con nuestra América
independiente. […] Vengo, en fin, de ciudades en cuyo aire viciado
los hombres suspiran por la naturaleza, añorándola. Y
sin embargo yo, que vuelvo al paisaje cerril que me ha parido,
no anhelo más que respirar aquí aquel aire pestilente y cubrir de
ciudades enfermizas la vastedad inculta, este desierto hostil a la
mano del hombre y por lo tanto habitable solo por los instintos
más primitivos, fáciles instrumentos del Mal (si es que no son
el Mal en sí mismo). Sí, prefiero la enfermedad de la civilización
a la salud del Caos y la Barbarie. Porque confieso que hallo
algo de maldad en la salud excesiva […] En fin, que hacer Historia
no difiere demasiado de una elaboración
literaria – concluía el poeta y novelista. Pero entonces,
pálido en extremo, […] se apretaba el pecho con las manos,
como si fuese a estallar, y exhalaba sus últimas palabras: – ¡Soñar, soñar de nuevo la
realidad y verla alzarse en el vacío como una Nueva Creación,
la Nueva Sociedad, la Nueva República! ¡Niños, jugad vuestro
juego inmortal, que para eso habéis nacido!

Cuando arreciaron los rumores de que la partida del
ejército del General Cansado era inminente, la actividad del
Extraño Personaje se hizo enfebrecida. […] La fiebre real no tardó en presentarse;
pasaba días postrado entre sábanas revueltas y transpiradas, en
medio de convulsiones, incendiado hasta los huesos, con labios
pálidos y resquebrajados, echando espumarajos y delirios. […]
No era fácil de seguir el razonamiento, o la falta de él,
que hilaba el Apasionado Moribundo.
[…]
Después de tomar resuello, así remataba el Extraño Personaje,
musitando, su flamígero discurso:
– En fin, párvulos, como dijo aquel santo guerrero al
lanzar su ejército de Dios a la agónica, siempre inconclusa batalla
contra las huestes del Mal: Igneam veni mittere in terram.
¡Ite, ite, omnia incendite e inflammate! [Fuego he venido a traer
sobre la tierra. Id, id, incendiad e inflamadlo todo]. Tretten freudig an den
Krieg! [¡Marchen alegres a la guerra!]Y si no hay Dios… Will kein Gott
auf Erden sein, sind wir selber Götter! [¡Si no hay Dios en la tierra,
nosotros mismos seremos dioses!]
Y sus ojos castaños perdían toda dulzura y se agitaban
en lo hondo de las fosas como enloquecidas serpientes negras,
como llamas de las tinieblas en las que pronto se hundiría todo
él, sin alcanzar a divisar ni la más remota luz del alba que tanto
lo había desvelado.

Págs. 184-201

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