Ricardo Monti

Cap. 04: En la altura

22 octubre, 2017

FRAGMENTOS DEL CAPÍTULO 4: “En la altura”, DE “LA CREACIÓN”, novela de Ricardo Monti

[Capítulo enigmático: ¿Juan es una creación literaria de Mariano? En todo caso, este sería el borrador inconcluso de esa escritura:]

“Porque si [Finalmente,] un Dios caprichoso [me ha creado
una tarde, una de las múltiples {infinitas} tardes] me creó un
día, uno de los días sin tiempo que previamente había creado
solo para sí, y me creó [*] por diversión suya, para entretener
su ocio […] ¿por qué yo, Juan, no te crearé esta tarde de paz y
de guerra por diversión mía, y por qué no he de disponer para
tu propio [placer y] solaz de un paraíso tan resplandeciente
como este que estoy [empezando a ver,] pintando en tus ojos
absolutamente nuevos?
[…]
Y cómo envidio, Juan querido niño, la paz con que dormís
a mi lado, aún inconsciente de haber sido creado; del mismo
modo que envidio mi propia paz, la que he perdido al despertar,
con mi repentino volver a la fatiga de este día.
[…]
Estamos tendidos a la sombra de un árbol. […]
De este Árbol de Vida en el centro de nuestro paraíso
común, bajo cuya sombra estamos recostados, del crujido misterioso
de su madera, sacaré tu voz, Juan, sostén de tu palabra:
tu voz ronca […]
Estamos en una altura que domina una ciudad pequeña
y blanca doblemente cercada por un grueso muro semiderruido
de a trechos y por una horda extraña de hombres feroces, de uniformes
sangrientos, colorados, que pugnan por entrar en ella a
saco y abatir para siempre su orgullo de ciudadela inexpugnable.
[…]
Entonces una súbita conmoción asalta el día, un relámpago
general […] Porque en el mediodía, cuando ya todas las
nieblas se han disipado y el día revienta de iluminación, […]
allí, bajo la intimidad de la sombra del
árbol, que nos separa tajante y compasiva del ardor universal,
la cicatriz de tus ojos comienza a reabrirse, con breves, diminutos
temblores, […] y las curvas alas del pájaro negro
inician su pesado despliegue, se despegan [de su punto de
apoyo], y [de pronto] con una brusca arremetida, remontan
su perezoso vuelo, y te despertás.
[…]
Tenías la boca entreabierta, con una expresión dolorosa,
y tu ceño, más que fruncido, enturbiado por una preocupación
que yo desconocía y que no querías dejar traslucir.
El silencio se instaló entre/se depositó sobre nosotros […],
hasta que unos amortiguado estampidos
[se sacudieron en la distancia] sacudieron la distancia, el lejano
crepitar de lo que yo sabía era una fusilería. Lo inesperado del
ruido pareció reclamarte de nuevo. Miraste con lenta expresión
ausente a tu alrededor y preguntaste:
– ¿Dónde estamos?
– […] Estamos
en una altura que domina una ciudad. ¿Cómo llamaremos a
esta ciudad?
– Montevideo – dijiste con voz aún soñolienta [(y lejos
estaba la Anhelada, la Ciudad Madre que nos había vomitado
de su seno)].
– Sí, es un buen nombre.
[…]
– Soñé con una mujer – crujió nuevamente tu voz.
– ¿Cómo era?
– No sé.
Yo desprenderé esa mujer de tu sueño y le daré realidad
para tu dolor y el mío. (Hemos nacido del sueño de una mujer,
Juan hijo mío, de una Madre Ciudad que nos ha vomitado de su
seno y yo haré ahora que vomites de tu sueño una mujer que
te hará morir de pena sin dejarte entrar en [ella] su seno nunca,
nunca. ¿Morirás virgen, Juan, hijo mío, sin haber conocido
hembra alguna?)”

Págs. 98-111

Seguime en las redes:

La Creación © Ricardo Monti 2017